jueves, 27 de junio de 2013

«ELENA SABE». CLAUDIA PIÑEIRO TAMBIÉN

Elena sabe. Camina lento, pero sabe. Ella nos explica su mundo desde su perspectiva. Ella nos dice lo que sabe y nosotros le creemos. Cómo no creerle. Desde ese hilo conductor nos arrastra, pero con su variable: no es una mujer cualquiera, ni sabe cualquier cosa. Elena tiene Parkinson, lo sabemos de entrada y desde esta mirada el texto se articula en cuatro tiempos, como las cuatro pastillas que necesita Elena para «funcionar», si cabe la palabra, sola en la vida. Desde su lentitud, desde su mundo aparentemente simple, nos marca el paso. Y es lento. Y es agobiante, porque la enfermedad es agobiante, y porque la vejez, aunque Elena no es tan mayor, es ese lugar al que no queremos llegar. Sin embargo ella, con lo que sabe, o cree que sabe, nos arrastra de su hilo sin dejarnos respirar.


Claudia Piñeiro nos cuenta esta historia desde un narrador equisciente, con una voz singular donde por momentos parece que el mismo personaje describe sus movimientos, pero también sus pensamientos, sus sospechas, sus creencias, caminando en el límite de la voz personaje-escritor.

«Se trata de levantar el pie derecho, apenas unos centímetros del suelo, moverlo en el aire hacia adelante, tanto como para que sobrepase al pie izquierdo, y a esa distancia, la que sea, mucha o poca, hacerlo bajar.»



Así comienza el libro. Tres renglones para saber quién es el personaje principal. Algunos pocos más para saber qué busca: tuvo hija, Rita, que murió en una circunstancia extraña, y Elena quiere saber qué pasó.

Entre pastilla y pastilla, entre pequeños pasos, apretados, doloridos, vamos conociendo a Elena, y a Rita. Y sobre todo sabemos que «Elena sabe», o mejor dicho, sabemos lo que Elena sabe. Esa frase, como un latiguillo, nos marcará el leit motiv del libro. Porque va de eso: Qué sabe Elena.

Llegar hasta el final es contemplarnos en el espejo de aquello que no sabemos ni queremos saber. Llegar al final del libro para digerir lo indigerible: la muerte. Y sobre todo la muerte por elección, la que no queremos nombrar, ni pensar en que podría ser posible. Qué sabemos, qué queremos saber, qué negamos. Se preguntarán si desvelo algo al decir esto. Pues no. El libro te lleva de la mano, te arrastra aunque no quieras.

         Sé que no la encontrarán ni en España ni en México, aunque sí otras de sus novelas. Yo la conseguí en mi tierra. Espero que algún día Alfaguara piense que todos merecen leerla. En papel, digo.

Punto y Seguido

Le dedico esta entrada a mi querida y añorada amiga V. F., que hace casi veinte años decidió «irse», y yo nunca supe.



5 comentarios:

  1. Andrea me dejas con ganas de saber lo que Elena sabe, aunque lo intuyo. Estupenda reseña.

    abrazos

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  2. tuve la grata posibilidad de leer el libro el cual me encanto!! lamentablemente no pude terminar de leer el final si alguien me pudiera decir como termina le quitaría el peso ami duda muchas gracias :)

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  3. Andrea, este es un tipo de libro que no se puede contar el final. Hay que leerlo. Gracias por leer mi reseña

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  4. De acuerdo. Claudia me atrapo con TUYA y la he seguido esperando otro thriller pero no, con cada nueva novela me hace sufrir un poco mas. Ese dolor que no podemos dejar de lado y debemos leer y releer.

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  5. Gracias Anónimo por leer la reseña.

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