viernes, 31 de enero de 2014

“UN DÍA ES UN DÍA”. UNA COLECCIÓN DE RELATOS DE MARGARET ATWOOD.


“Un día es un día”, es un libro de Margaret Atwood de reciente aparición, pero los relatos que lo componen fueron escritos y publicados en los setenta y ochenta del siglo pasado y  las historias que cuentan se desarrollan en décadas anteriores, a partir de los años cuarenta. Como dice la autora, un tiempo en que no se habían inventado los ordenadores y las relaciones a distancia se desarrollaban a través del teléfono o por carta, y a menudo había largos periodos de silencio. Y yo opino que es un tiempo que ahora nos parece superado, pero del que aún podemos aprender.



En una primera lectura me pareció que el libro trata básicamente del tiempo y de  las mujeres, del tiempo haciendo desmoronarse la vida de las mujeres. Pero hay mucho más. Como ella misma nos dice en el prólogo, para justificar el predominio de lo “doméstico” frente a lo “salvaje” en la antología, estas historias “hablan de seres humanos que hacen cosas que hacen los seres humanos”. La vida de las personas se desarrolla en un espacio y un tiempo habitado por hombres y mujeres y moldeado por las relaciones que se establecen entre ellos. Estas relaciones están marcadas no solo por cómo son las mujeres y los hombres, sino también y sobre todo, por cómo se espera que sean. En la medida que existe una mayor distancia entre lo que la mujeres son y lo que las convenciones señalan que deberían ser, cabría decir que en estas historias se recogen las contradicciones de muchas mujeres y algún que otro hombre. Es el caso de la protagonista de “El peso”, una abogada madura que usa las armas más vergonzosas para una mujer auténtica, la seducción y el sexo, para sacarles a hombres adinerados donativos para una casa de acogida de mujeres maltratadas y las ofrece como tributo a la tumba de una amiga con la que iba a conseguir cambiar el mundo y que acabó siendo asesinada por su marido. O el de las tres hermanas de “Consejos para sobrevivir en la naturaleza”, a mi juicio uno de los mejores relatos del libro. Las tres han leído un viejo ejemplar de un libro de la antigua casa familiar, un libro que enseña a sobrevivir en la naturaleza, pero solo han aprendido a destruirse entre ellas y a ponérselo fácil al verdadero depredador.



No son relatos amables, sino incisivos. La escritora va desgranando anécdotas del asunto con profusión de detalles y descripciones minuciosas y el lector, casi sin darse cuenta, se encuentra royendo un hueso duro e indigesto, porque finalmente le está hablando de sí mismo. Al ser humano no le suele gustar enseñar su lado feo y, bajo la lupa de Atwood, ni mujeres ni hombres salen demasiado guapos en la foto. Aunque quizás haya quien piense que  los personajes masculinos de estos relatos salen peor parados, tal vez es un acto de justicia o desagravio con la vida real.

          En palabras de la autora: “Todos tenemos guardadas distintas versiones de nuestras vidas, aunque nos las contemos solo a nosotros mismos. Y las corregimos a medida que avanzamos”. Que es una manera de decir que, a menudo, si no siempre, nos engañamos sobre quiénes somos y sobre cómo pasaron las cosas en nuestra vida. Esto le ocurre a muchas de las protagonistas de estos relatos. Como la Sally de “El huevo de Barba Azul”, que piensa que lo que le enamoró de su marido es la estupidez de éste, que “es tan tonto que ni siquiera sabe que lo es” y ella se cree a salvo de que le sea infiel precisamente por su estulticia y acaba por descubrir que es esa el arma que usa su marido para engañarla. O la jovencita de “El huracán Hazel”, que necesita del paso de un huracán por la ciudad de Toronto para romper la relación insatisfactoria con su primer novio, al que, desde el principio, siente que no tiene nada que decirle. La dificultad de comunicarse entre hombres y mujeres es otra de las constantes de estos relatos: a veces no se encuentran las palabras, a veces estas significan cosas distintas según quién las diga, a veces son pocas o demasiadas.  La protagonista de "La tumba del famoso poeta", que quiere terminar con un matrimonio acabado de manera elegante, sin reproches ni reivindicaciones, con un apretón de manos, piensa: "Hemos hablado demasiado o no lo suficiente. Para lo que tenemos que decirnos no hay lenguaje, lo hemos intentado todo".

          Los doce relatos están repartidos de cuatro en cuatro en tres secciones, que son las tres etapas del tiempo de la vida: Infancia, Madurez y Vejez. El primer relato, “Momentos estelares de la vida de mi madre” y el que cierra la colección, “Un hallazgo extraordinario”, están basados en la vida de los padres de la escritora y también, de alguna manera, son autobiográficos. Constituyen un marco para el resto de las historias y de su lectura se pueden extraer algunas claves para hacer una interpretación completa del libro y, al mismo tiempo, mantener una mirada un poco esperanzada sobre nuestra condición.




Inmaculada Reina
Punto y Seguido

3 comentarios:

  1. Por lo que cuentas, me recuerda un poco a Alice Munro... Muy interesante. Gracias Inma

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  2. Gracias a ti, Pedro. Si, tiene en común con Munro muchas cosas, además de ser canadienses, escritoras y de una edad similar (Atwood es 9 años menor, creo) y han estado "nominadas" al Nobel muchas veces ( en esto ganó la partida Munro y ya no creo que vuelva a repetirse mujer canadiense en mucho tiempo). Además son amigas. He leído la entrevista que Margaret le hizo por internet a Alice con ocasión del Nobel y me gustó mucho. Y la acompañaba una foto en que las dos brindan con champán para celebrar el premio.

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  3. Sí, se parece mucho a Munro por lo que cuentas y me da ganas de leerlo, claro

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