lunes, 1 de junio de 2015

«AURA» EJEMPLO DE NARRACIÓN EN SEGUNDA PERSONA

«Aura», novela corta de Carlos Fuentes, es un buen ejemplo para todo aquel que necesite conocer el efecto que produce este tipo de narrador: segunda persona (del singular), sobre todo porque está contada en tiempo presente. La voz da la sensación de ser un testigo omnisciente.  


«Recoges tu portafolio y dejas la propina. Piensas que otro historiador joven, en condiciones semejantes a las tuyas, ya ha leído ese mismo aviso, tomado la delantera, ocupado el puesto. Tratas de olvidar mientras caminas a la esquina. Esperas el autobús, enciendes un cigarrillo, repites en silencio las fechas que debes memorizar para que esos niños amodorrados te respeten.»


La sensación es de atemporalidad y de que el protagonista es uno mismo. El narrador te involucra en la historia, y aunque los verbos están en presente, da sensación de vaticinio, de futuro.

Está claramente influenciada por un cuento de Alfonso Reyes, «La cena», tanto por la temática, como por la atmósfera y los personajes. Considerada ejemplo del realismo mágico, navegan en ella muchos de los simbolismos propios de ese movimiento, además de creencias, supersticiones y ceremonias. 

Fotografía de Robert Mapplethorpe


«Tienes la bata vacía entre las manos. Aura, de cuquillas sobre la cama, coloca ese objeto entre los muslos cerrados, lo acaricia, te llama con la mano. Acaricia ese trozo de harina delgada, lo quiebra sobre sus muslos, indiferentes a las migajas que ruedan por sus caderas: te ofrece la mitad de la oblea que tú tomas, llevas a la boca al mismo tiempo que ella, deglutes con dificultad: caes sobre el cuerpo desnudo de Aura, sobre sus brazos abiertos, extendidos de un extremo al otro de la cama, igual que el Cristo negro que cuelga del muro con su faldón de seda escarlata, (…)»


Los personajes son tres:

—Felipe Montero: historiador de veintisiete años, que estudió en La Sorbona. Físicamente tiene cejas pobladas, boca larga y gruesa, ojos negros, pelo oscuro y lacio, perfil recto y mejillas delgadas. Necesita el dinero de ese trabajo para tomarse un tiempo sabático en el que escribirá un libro. Decide quedarse en la casa al conocer a Aura.

—Consuelo Llorente: mujer de ciento nueve años. Vive postrada en la cama, iluminada por veladoras, con varios cuadros de santos y cruces en su habitación. Es pequeña, muy delgada, ojos verdes, voz débil y aguda, muy devota. Felipe la considera manipuladora, tirana e incluso loca.

—Aura: es joven, aunque varía su edad durante la narración. Pasa de aparentar veinte años a cuarenta, según la ve Felipe. Tiene ojos verdes y viste de verde. Silenciosa y tímida frente a su tía Consuelo. Cambia el comportamiento al encontrarse a solas con Felipe.

         Considero a la casa como un cuarto personaje. No es sólo un tema de ambientación (tétrica, oscura, húmeda, poblada por ratas, con un patio lleno de plantas y yuyos desprolijos, decoración antigua, cortinados de terciopelo), sino también un símbolo: el templo, el útero, lo femenino, pero al ser vieja y estar deteriorada, simboliza el paso del tiempo real. No se menciona el año en que transcurre la historia, pero es evidente que se trata de la segunda mitad del siglo XX.


         «El olor de la humedad, de las plantas podridas, te envolverá mientras marcas tus pasos, primero sobre las baldosas de piedra, enseguida sobre esa madera crujiente, fofa por la humedad y el encierro.»

Fotografía de Dariusz Kilmzak-Kwadrart

Además de la casa, otros símbolos que utiliza Fuentes son:

—La coneja: llamada Saga, símbolo de fertilidad. Consuelo no pudo tener hijos. La coneja está siempre con ella, en su cama. Consuelo engendra a Aura, un espectro de ella misma.

—El Cristo negro: la devoción a lo oscuro, la brujería.

—El color verde: símbolo de intemporalidad, de permanencia, que aparece en todo: los ojos, la ropa, la casa. La ilusión de perpetuar la juventud. También de esperanza.

—El macho cabrío: simboliza el ritual, el derramamiento de sangre, el sacrificio a cambio de algo, en este caso la juventud.

Los sentidos tienen un papel primordial en la narración, sobre todo el olfato, el oído y el tacto, ya que la permanente oscuridad ciega al protagonista. La ceguera, en este caso, como una manera de no ver la realidad, es un símbolo más.



Se trata de una novela de amor: Felipe Montero responde a un anuncio de trabajo de Consuelo Llorente, para terminar las memorias del general Llorente. La condición es vivir en esa casa junto a la viuda y su sobrina Aura. Ambas mujeres viven en la oscuridad. Toda la novela transcurre alrededor de la extraña relación entre Aura y su tía, y el deseo que despierta Aura en Felipe.

El tema central es el amor eterno, pero también la vanidad encarnada en la juventud, y el rechazo a la vejez. Esto se visualiza a través de la dualidad del yo en el doble juego Consuelo-Aura y, finalmente, en Felipe-general Llorente, juego de espejos y duplicidades, juego de juventud-vejez, donde se intercambian los roles. La obra está dividida en cinco partes. Se trata de una novela corta, pero también podría considerarse un cuento largo.

Todo el relato es inquietante y sostiene la tensión hasta el final. En una segunda lectura uno puede atar cabos y percibir los pequeños detalles que nos harán evidenciar el final.

    Fotografía de Dariusz Kilmzak-Kwadrart

Mi conclusión es que esta narración está centrada en el paso del tiempo, y en la mentira por la ilusión que el tiempo genera en nosotros. El amor es el ejemplo de la atemporalidad. El cuerpo, con su juventud o su vejez, lo real, lo temporal. La segunda persona nos genera una atmósfera particular, lúgubre, asfixiante. Los insto a que la lean. Es corta y efectiva.

«No volverás a mirar tu reloj, ese objeto inservible que mide falsamente un tiempo acordado por la vanidad humana, esas manecillas que marcan tediosamente las largas horas inventadas para engañar el verdadero tiempo, el tiempo que corre con la velocidad insultante, mortal, que ningún reloj puede medir.» AURA de Carlos Fuentes




 Andrea Vinci
Punto y Seguido

3 comentarios:

  1. Una entrada muy interesante Andrea. Aunque la segunda persona tiene bastante detractores, mi microrrelato de suspense « Прохода нет » con un narrador en segunda persona y el uso del futuro en los verbos, tuvo una muy buena acogida. Podéis pinchar en el título para acceder a la entrada del blog y leerlo.

    ResponderEliminar
  2. Tienes razón, Mauri. A mí me parece que la segunda persona es eficaz para implicar al lector.

    ResponderEliminar