jueves, 18 de junio de 2015

LEER COMO UN ESCRITOR

CÓMO LEE UN BUEN ESCRITOR

Virginia Woolf

No sé si habéis tenido alguna vez esta curiosidad. Yo la tuve. La tengo, quiero decir. Y, al parecer, ni fui, ni soy la única. De hecho, incluso hay un libro titulado 'Cómo lee un buen escritor', de Francine Proust, novelista y profesora de literatura, que me compré hace años, que indaga sobre este tema y nos ofrece un buen puñado de respuestas a lo largo de sus 300 páginas. Estamos de acuerdo en varias cosas, una de ellas es la siguiente: 

Un taller de escritura puede ser útil para aquel que se inicia en el arte de escribir, un buen profesor puede enseñar a corregir un texto, unos compañeros adecuados pueden ayudar y apoyar, pero por muy provechosas que sean las clases o muy idóneos que sean los profesores y compañeros, donde sin duda se aprende a escribir es escribiendo y leyendo libros

Mucho antes de los talleres, de los grupos, etc, los escritores aprendieron de la obra de sus predecesores: Métrica, construcción de argumentos, estilo, etc. Todo estaba ahí. En las obras de los grandes escritores. 

Julio Cortázar
Un escritor no deja de ser alumno de los propios libros que lee. Se lee por placer, entre otra cosas, estamos de acuerdo, pero los escritores tienden a hacerlo de una manera más analítica, tomando conciencia del estilo, el lenguaje, la construcción de las frases o la trama, la estructura, diálogos, descripciones, la construcción de personajes, la elección de narrador, etc. 

Así pues, a escribir se aprende escribiendo, pero también con la lectura de las obras de los escritores a los que admiramos:

Shakespeare, Dickens, Austen, Woolf, Chejov, Cervantes, Rulfo, Borges, Cortázar, Flaubert, Dostoievski, Kafka, Munro, Tolstoi, Hemingway, Benedetti, Lorca, Dumas, James, Stevenson, etc. 

Una de las cosas que he aprendido es que es necesario aprender a leer de nuevo. Sí, tal como suena. Solemos leer deprisa, apenas sin pararnos a pensar, tan sólo dejándonos llevar por el hilo de la historia desde el principio hasta el final, nos damos prisa, acabamos cuanto antes, cerramos el libro y cogemos otro de la estantería, la biblioteca o de la mano de algún amigo que nos recomienda con énfasis el último que acaba de leer. Los escritores no leen así. Ellos eligen a conciencia a quien leen. Y, una vez hecha la elección, resulta esencial ir despacio, leer cada palabra, hacer anotaciones, paladear un buen párrafo como se paladea el buen vino. Cada una de esas palabras escritas reflejan el resultado final de incontables deliberaciones por parte del escritor, de su habilidad para escoger unas palabras y no otras, y el orden en que ha elegido escribirlas. 

Alessandro Baricco

Cuando se lee de esta manera es fácil darse cuenta de cómo algunos  escritores despliegan metáforas, otros aciertan con un lenguaje sencillo, seco o espartano, y otros se inflan el ego con vocabularios rimbombantes. Alice Munro, por citar a algún contemporáneo, escribe con sencillez y todo en su estilo tiene la intención de no llamar la atención. Este tipo de escritura tan sencilla parece no requerir esfuerzo, sin embargo es el producto final de numerosas decisiones y de un proceso en el que se han escogido ciertas palabras y desechado otras muchas para ser sustituidas por términos mejores que le den esa simpleza que nos resulta tan fácil de leer.

Hay quienes dicen que el escritor lee de manera depredadora, que va en busca de todo lo que pueda ser admirado, asimilado y aprendido. Con la vista puesta en todo aquello que el autor al que leen hace, particularmente, bien. Un ejemplo sería el de la oración o el párrafo perfecto, donde lo destacable para el lector está en que sea comprensible, elegante, ingenios@, inteligente y de grata lectura. Por tanto, no es mala idea tener siempre a mano los libros de escritores que han trabajado sus oraciones y párrafos a conciencia, que l@s han revisado y pulido hasta convertirl@s en gemas que todavía deslumbran. 

Mario Benedetti

No sólo merecen ser estudiadas y leídas a conciencia las frases largas y complejas. Las frases cortas pueden ser muy efectivas debido a que lo que está en juego es su inteligibilidad, la elegancia, la idoneidad y el impacto que debe causar. 

Gabriel García Márquez

La voz de la narración es algo que ningún buen lector pasa por alto en sus lecturas. Si el narrador es en primera persona, debemos poseer un amplio despliegue del lenguaje, no sólo para establecer la personalidad de ese narrador, sino para persuadirnos de que lo acompañemos por varios cientos de páginas. El punto de vista de la segunda persona suele ser sospechoso, ¿estará usando el estilo como sustituto del contenido? ¿Y las terceras personas de las grandes novelas de los siglos XVIII y XIX, son tan imparciales? Decidir la identidad y personalidad del narrador es importante, pero lo que de verdad importa es el lenguaje que usará el escritor para interesarnos y meternos de lleno en la visión de los acontecimientos que está relatando. 

Ernest Hemingway

La creación del personaje no es algo que aborden de igual manera los distintos escritores. El proceso y la descripción de los mismos pueden resultar tan dispares como similares, e incluso algunos comparten ciertas destrezas comunes, como la habilidad de crear personajes menores con tan sólo algunas rápidas pinceladas. 

El joven caballero no tenía mal corazón, a menos que se considere por tal cierta frialdad y cierto egoísmo, por lo general se le respetaba en todas partes por cuanto procedía con tino y cautela en sus quehaceres ordinarios (…)

La Sra Dashwood no era más que una grotesca caricatura de él mismo, de más estrecha mentalidad y mayor egoísmo. 

Sentido y Sensibilidad
Jane Austen.


Jane Austen no sólo se preocupaba de describir a sus personajes con similares estocadas, sino que demostró ser una maestra en el uso del diálogo como medio de fijar el carácter de un personaje, de dibujar la personalidad de los hablantes y de darnos a conocer a las personas de las que se está hablando. 

En los diálogos escritos se deben evitar las repeticiones, expresiones sin sentido, las vacilaciones, los clichés y banalidades que usamos al hablar. Un mal diálogo puede convertir un texto con una buena prosa, en malo. El diálogo, además, debe servir para hacer avanzar la trama. Si no cumple ninguna de sus funciones, debe ser obviado. 

Thomas Mann
Una cosa en la que están de acuerdo muchos escritores a la hora de identificar un buen texto, aparte del diálogo, el narrador, el lenguaje, etc, son los simples y llanos detalles. 
Sí, los detalles. Los que nos persuaden de que alguien está diciendo la verdad, los que nos tranquilizan y nos indican que el escritor es cabal y que no nos toma el pelo. Detalles convincentes. Detalles perfectos, concretos,  sorprendentes, inesperados, impredecibles, pero plausibles, rigurosos y pertinentes. Intencionados y destilados. Los grandes escritores construyen sus ficciones con pequeños pero significativos detalles que, pincelada a pincelada, dan forma a esas realidades  con que tratan de convencernos. A menudo, un detalle sencillo y bien elegido puede decirnos más acerca de un personaje que un largo pasaje explicativo. 

Cada gran escritor es un misterio, ahí estamos de acuerdo. Y, aunque muchas de sus técnicas pueden ser aprendidas mientras los leemos, otras son inexplicables, asombrosas y forman parte de ese talento, innato y a la vez misterioso, del que se hacen eco sus textos. 

Nabokov sobre 'La dama del perrito' de Chéjov: 

Todas las reglas tradicionales de la narrativa han sido quebrantadas en esa maravillosa historia de veintitantas páginas. No hay un problema, no hay un verdadero clímax, no hay un punto y final. Es una de las más grandes historias que se han escrito jamás. 

La literatura es una fuente ilimitada de valentía y capacidad de perseverancia. A la mayoría de escritores les gustaría que los lectores se identificaran con sus personajes, incluso si el lector no está en absoluto dispuesto a hacerlo. 

Una vez, no hace mucho ni tan poco tiempo, aprendí a leer de nuevo. Aprendí que leyendo de manera pausada, que leyendo fijándome en los detalles y estrategias de los grandes, no sólo leía, o disfrutaba de lo que leía, sino que aprendía, y a la vez que aprendía, avanzaba en mis escritos. 

¡Respétate a ti mismo, por amor de Dios, deja las manos quietas cuando el cerebro esté perezoso! No imagines sufrimientos que no hayas experimentado y no dibujes cuadros que no hayas visto, pues la mentira en un cuento es mucho más aburrida que en una conversación. 


Chéjov.

Una novela no escrita, difícilmente puede calificarse de gran logro. 

Virginia Woolf. 


Si queremos escribir, tiene sentido que leamos, y que leamos como escritores.




Punto y seguido


2 comentarios:

  1. Muy interesante el artículo, Isa. Como puede haber tanta diferencia entre leer y leer siendo la misma palabra.
    Respecto a la cita de Chejov al final de tu entrada, esas palabras están bastante sacadas del contesto de la carta dirigida concretamente a su hermano Alexánder de donde están escogidas. Tras leer muchos cuentos de Alexánder que le parecen aburridos en su mayoría y tras comentarle que solo salvaría uno o dos, Chejov lo aconseja de esa manera tan drástica. Y aunque a nuestro queridísimo padre del cuento moderno le gustaba basar su escritura en su propia experiencia como médico y escritor, y relatar la cotidianidad de la Rusia de época detalladamente, sospecho que la imaginación no debía ser el mayor talento de Alexánder.

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  2. "Cada una de esas palabras escritas reflejan el resultado final de incontables deliberaciones por parte del escritor, de su habilidad para escoger unas palabras y no otras, y el orden en que ha elegido escribirlas. "...

    Lastima no poder leerlo todo en la lengua original en la que se escribieron las obras y gracias a los traductores por acercarnos lo más posible al original.

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